1. La no violencia
Creemos que la paz es la unidad indispensable entre la justicia social
y la libertad humana. Por lo tanto, ella debe ser el propósito
fundamental de toda forma de organización social. Estamos convencidos
de que el amor y la verdad son las fuerzas más importantes para
el cambio social y el establecimiento de la paz.
La injusticia, sea contra la persona o contra el grupo, debe ser enfrentada
con firmeza, acudiendo prioritariamente a los métodos no violentos
y estableciendo como base un sentimiento de amor hacia lo demás.
Pues aquellas acciones que en nombre de la justicia surgen del odio
y la venganza, pueden engendrar más violencia e injusticia. Tenemos
fe en el valor intrínseco de cada ser humano y apelamos a que
se reconozca como tal dentro de una ética humanista, aún
en aquellos que sean calificados y acusados de opresores.
La violencia física, psicológica y/o espiritual es una
violación de los derechos inalienables del ser humano. Estudiamos
y entendemos las raíces de la violencia individual y social;
y ante ellas, nuestra responsabilidad histórica y humana es trabajar
por su eliminación, teniendo como fundamento principal los métodos
no violentos (diálogo, negociación, mediación,
etc.); y contribuyendo en todos aquellos campos que contribuyan al cambio
social, la prosperidad y la felicidad humana.
Creemos también, que no se debe ejercer destrucción sobre
la naturaleza sino por el contrario, promover una relación equilibrada,
recíproca y de mutuo crecimiento, para evitar el deterioro, desmejoramiento
y aniquilación de la vida vegetal y animal que pobla el planeta.
Pues la eliminación de las fuentes de vida implicará consecuentemente
la destrucción del hombre.
2. Justicia social
Creemos que la paz es posible y que tiene como pre-requisito fundamental
la justicia social. Es imprescindible construir formas de organización
social que garanticen a todos sus miembros, la realización plena
de sus capacidades e inquietudes como hermanos. La justicia social debe
implicar el crecimiento material, psicólogo y espiritual, no
sólo de la organización, sino del humano como persona.
3. Derechos y libertades inalienables
El hombre a lo largo de toda su historia ha luchado por obtener derechos
de diversa naturaleza, que contribuyen a su plena realización
y a la eliminación de formas de organización opresivas
y elitescas. Estos derechos se han acumulado como parte del patrimonio
del la humanidad.
Estos derechos son para todos los seres humanos, sin distinción
de etnia, nacionalidad, religión, ideología, clase social,
edad o sexo; y están expresados en las diferentes declaraciones,
tales como la Declaración Universales del Niño, etc.
Creemos que los derechos deben ser respetados y perfeccionados como
contribución de nuestro presente histórico a las futuras
generaciones. Es deber de todos apoyar las gestiones a favor de los
derechos humanos y trabajar tesoneramente por su respeto ampliación
y perfeccionamiento.
4. El conocimiento como fuente de verdad
Con el justo propósito de construir la justicia y la paz, es
necesario recurrir al conocimiento de la realidad. El conocimiento es
un proceso humano, dinámico e histórico, que parte del
hecho de que siempre hay una diversidad de perspectivas sobre los acontecimientos,
los eventos y sus significados, las cuales están en conflicto
en determinadas coyunturas históricas.
Estas perspectivas requieren de criterios de valoración, es
decir, de definiciones éticas que permitan evaluar las contradicciones
o correspondencias, y lograr un espacio de común acuerdo, lo
que implica el reconocimiento de la validez e importancia de los diversos
puntos de vista.
Creemos que este proceso es fuente de verdad y que la mejor forma de
constatar la verdad de los conocimientos, es cuando las definiciones
éticas, que le sirven de base, buscan desarrollo integral de
las personas y de los grupos humanos de la sociedad. Por lo tanto, el
conocimiento serio, responsable y objetivo contribuye a la realización
de los principios planteados. El intercambio de ideas permite el entendimiento
entre los pueblos y la construcción de un mundo más armónico
y justo.
5. Sencillez
Creemos en la sencillez en nuestras vidas, en el trabajo y en el intercambio
con los otros. Por medio del ordenamiento cuidadoso de nuestras prioridades,
procuramos satisfacer las necesidades materiales básicas y dejar
de lado lo superfluo. La sencillez no debe alcanzarse por medio de la
imposición de normas rígidas y uniformes, sino mediante
la libertad y la responsabilidad de cada persona, para determinar sobre
la base de su experiencia o reflexión personal, lo que promueve
u obstaculizar la búsqueda colectiva e individual de la paz.
Lo superfluo se inicia a partir del momento y el lugar en el que el
individuo consume bienes que satisfacen principalmente caprichos injustificados.
En un nivel mundial este superfluo implica directa o indirectamente
la sustracción de bienes vitales que deberían usados para
el bienestar y desarrollo de grandes grupos humanos desposeídas.
En este sentido, el consumo material sin límites crea una desigualdad
tan grande entre los humanos, que es un obstáculo para el alcance
de principios humanos superiores (paz, justicia, solidaridad, etc.)
y un gasto de recursos finitos que deben ser conservados y compartidos
con más igualdad por todos. La existencia de estructuras y procesos
de explotación social, establece de hecho demasiada desigualdad
en el acceso de los bienes materiales de la sociedad; y asimismo esto
penetra la subjetividad social, promoviendo la competencia de recursos,
guiada por un afán desmedido de consumo y lucro.
La sencillez es un proceso de descubrimiento de cómo nuestras
energías pueden ser canalizadas en la consecución de la
justicia y la paz. Buscamos simplificar nuestra comunicación
con los demás. Nos esforzaremos por exponer nuestras ideas de
manera respetuosa, cuidadosa y veraz, tal y como surgen de nuestras
convicciones. Creemos que la sinceridad y la honestidad pueden remover
barreras que obstaculizan y confunden; y llegan a reducir y resolver
las tensiones y los conflictos humanos.
6. Responsabilidad
Creemos que todo ser humano es responsable de su vida y también
del desarrollo y el bienestar de la vida de los demás. En este
sentido, debe tomar conciencia de acuerdo con sus capacidades y promover
la conciencia en los demás, de las estructuras que impiden la
justicia, el entendimiento y la paz entre las personas, sea a nivel
personal, comunal, regional o global. Es necesario participar en la
reflexión de estos obstáculos y colaborar junto a otras
personas en la búsqueda de soluciones justas, creativas y permanentes
a los problemas humanos.
7. Concordancia entre principios y comportamiento
El resultado de nuestras acciones depende de nuestros principios y
objetivos, pero fundamentalmente de cuán consecuentes seamos
con la realización de ellos. Por lo tanto, somos concientes del
compromiso de hacer concordar nuestros principios con nuestro quehacer
en la vida cotidiana. En el Centro de Amigos para la Paz trabajamos
por consenso, consideramos los hechos y las opiniones de los demás
y valoramos las opiniones y sentimientos de las minorías al igual
que el de las mayorías. Evitamos las estructuras autoritarias
y rígidas que se basen en concepciones de superioridad-inferioridad,
de fuerza y de intolerancia. Fundamentamos nuestro trabajo en el respeto
mutuo y la colaboración, siendo sin embargo concientes y respetuosos
de las diferencias de pensamiento y conducta de los demás.
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